Hugo Toscaraday

Publicado: mayo 8, 2017 en poesia
Etiquetas:

Buenos Aires, Argentina – 1957

El viejo Whitman, a la sombra de un almendro

 

Dinamitarme el corazón, con la luz de esta mañana,

sería poca cosa, frente a tanto amor.

Los hombres, los hombres van camino a casa,

regresan de la diaria tarea en el campo

y no hay desaliento en ellos, ni rechazo.

La suave templanza los anima.

 

Dinamitarme el corazón, con la luz de esta mañana,

sería poca cosa, frente a tanta vida.

 

Hay días, que me siento como la constelación de géminis,

porque yo soy el otro también, a cada instante.

 

Ahora estoy viendo a tres muchachas negras,

que ríen calle abajo y cada una de ellas,

es como un templo de cobre labrado.

 

Todo esto me conmueve.

Mientras un mozo de caballeriza y su amada,

junto al río, semejan árboles rendidos.

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