Gonzalo Ramírez

Publicado: abril 29, 2015 en poesia
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Venezuela

 

I

Alguien tenía que quedarse a redactar los epitafios Alguien tenía la necesidad de traducir el mundo en llanto Alguien tenía que decir: Rosa fue su nombre

y recordar el denso y amable destello de su mirada

Alguien tenía que poder refugiarse en lo más profundo de su alma

Y a través de la despiadada evidencia del dolor saber dialogar con la belleza

Alguien tenía que guardar el eco doliente y mudo de una plegaria

Alguien tenía que sostener el incierto anhelo humano de un alba aún por venir en lo oscuro

como una pura e imprevisible ofrenda.

Alguien tenía que escribir un lamento en el muro más anónimo de la ciudad

Alguien tenía que poder a una hora imprecisa seguir tuteándose amorosamente con los muertos

(para Rosa Luxemburgo y Leo Jaguiches, in memoriam)

(para Rubén Ackerman, mi rabí, en vida)

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