Carlos Drummond de Andrade

Publicado: agosto 9, 2014 en poesia

 

Itabura, Minas Gerais, Brasil – 1902 -1987

Elegía 1938

 

Trabajas sin alegría para un mundo decadente,

Donde las formas y los actos no guardan ningún significado,

Practicas laboriosamente los gestos universales,

Sientes calor y frío, falta de dinero, hambre y deseo sexual.

 

Los héroes calman los parques de la ciudad donde te arrastras

Y pregonan la virtud, la renuncia, el valor, la reproducción.

De noche en la neblina, abren paraguas de bronce

O se acogen entre los libros de siniestras bibliotecas.

 

Amas la noche por el poder de aniquilamiento que encierra

Y sabes que, durmiendo los problemas te dispensan de morir.

Pero el terrible despertar comprueba la existencia de la gran máquina

Y te repone, tan pequeño, frente a palmeras indescifrables.

 

Caminas entre muertos y con ellos conversas

Sobre asuntos del tiempo futuro y negocios del espíritu.

La literatura ha estragado tus mejores horas de amor.

Y al teléfono perdiste el tiempo, el muchísimo tiempo de sembrar.

 

Corazón orgulloso, tienes prisa por confesar tu derrota

Y postergar para otro siglo la felicidad colectiva.

Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo y el injusto reparto

Porque no puedes, tú sólo, dinamitar la isla de Manhattan.

 

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