Salvador Pliego

Publicado: septiembre 14, 2011 en poesia
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México
Generales de hombres libres
A Francisco Villa y Emiliano Zapata

Vocablos Generales, vocablos sempiternos,
vocablos soberanos:
ahora que la tierra agrietada,
con su tortícolis de tarde, con su avena matutina,
se despereza y abre surcos de mientras tanto y más al rato,
como si hubiera tiempo de esperar al parto
o el gallo atara su pescuezo a la ciega luz de sombra y santo,
os saludo: ¡Salve!, y ¡Salve!

No es que el uno, dos y tres, no cuenten donde corro y sufro.
No es que el cinco se emancipe antes del cuatro.
Para el vértigo del mundo basta su geometría planetaria
y un pedazo de madera: hombre y cruz en sentencia fragmentada
(llevo en mí la cuenta de años y años en batalla).

¡Os saludo!, Generales anónimos del mundo, sin patria,
sin bordes en la lengua, sin tejidos de arena ni marea,
sin dedo señalando la uña fidedigna,
ni pie que en pie a la huella amontonara;
aunque viniesen de la vegetativa y empapada asignatura en que cayeron,
o de la catedral de ojos que en la tinta mordiera la palabra;
¡Os saludo, Generales!

Y no es la patria que a morir les llama ahora
-el soldado nuevo habla de cátedra y madera,
y el hombre ya no cuenta patrias ni arrugas en las palmas-.
Hay soldados que batallan por el verbo y por sus gemas,
gentilicios que caen de las bocas entre espadas de oratoria.

Aclaro, y corro ahora: penas, las mías; glorias, las humanas.
Diga Juan su nombre y apellido,
diga Martha su gran apelativo: ¡Generales!
¡Todos ellos! ¡Todos juntos!
¡Generales!
Hoy desnudo mi boca de labios y de males;
y corro y sufro, y corro y miro.
¡Os saludo!
Entre tanto, encuentro una mano y congratulo.
Y corro nuevamente porque sufro.
La mano cuelga del pecho y me descubro,
y me confundo entre mí y el otro,
entre yo mismo y lo que sufro.
¡Generales! ¡Generales!
¡Todos ellos, Generales!
Con nombre y apellido:
Generales, ¡os saludo!

Hombres de clavícula y semblante
que devoran tierra y escritura,
que desnudan la labia antes de hablarla,
que hincan el colmillo y omoplato en la sierra al cultivarla,
que articulan vientre con semilla y pájaro con greda
y ayuno con miradas;
hombres todos, ¡invencibles Generales!,
brigadieres de la cima y de la vida,
de la muerte antes de ella,
y antes de nacida,
y antes, sobretodo, de la guerra misma:
¡Hombres libres!
Generales, simplemente, por derecho y de por vida:
descubro mi latido y lo saco a redimirlo.
Y cuento uno cuando vivo.
Y cuento dos cuando el latido.
Y cuento tres cuando lo vivo.
Y corro y sufro, y corro y vivo.
Y cuento cuatro hasta vivirlo.

¡Salve, Generales!
¡¡¡Salve!!!
¡Os saludo!

de: México

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