Gabriel Impaglione

Publicado: julio 21, 2011 en poesia
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Argentina

parábolas

 

La parábola que todo lo explica

hoy por hoy llena de imágenes las pantuflas,

pero qué no puede la imaginación, una pista por leve que sea,

la arista de cualquier pobre consonante tiene en sí misma todas las respuestas

 

el hombre sacraliza su ignorancia y convierte

oh alquimia exacta    la oscuridad en poder    y en él asienta su inmenso

importante sacralizado culo

 

a través de las pantallas del olimpo explica todo

fuego menstrual     báquico semen     profusa baba académica oh voz asustadora

trueno riguroso madre del pánico padre de la culpa      garrote fonético

 

oh maná que de los tronos llueve elixir ritual    pene en puño vulva fulgurante de visión celeste

ofrecida nalga generosa    impúdico perfil de dios mudo     anhelante

tremante lacrimoso gutural pegajoso labio de blandir badajo

 

cualquier dios en un templo cualquiera

sentado en su butaca explica con infinita sabiduría

la hora del rayo

la piedra esculpida la dictada regla santifica el canon

marionetas que el viento mueve en los mercados

hacen de la ignorancia pura luz infinita sabiduría.

 

Y la parábola todo lo explica porque ella se interpreta a gusto y a semejanza

agota las preguntas porque no es de buen fiel preguntar demasiado

se habrá de aceptar a pies juntillas manitos quietas

ojitos fijos

garganta profunda hará fluir de la ancestral raiz del tiempo la verdad absoluta

y asi andará el mundo en orden y provisto

 

Ya lo anunciaban los gallos antes de evolucionar hacia la pluma

y dejaban caer escamas en cada atronadora salva por la selva:

los parabolizadores harán casta

la casta edificará palacios con vastos sillones y grandes inodoros donde los enormes

culos sacros explicarán el mundo

 

Y mucho después, aún de inventar palacios e inodoros – proverbial anticipación de la evolución humana estos gallos con dientes y pelo por pluma-

los parabolizadores en su vertiginosa evolución dominarán el mundo,

llenarán de imágenes las pantuflas, aturdirán caseríos desde sus campanarios antenizados

hasta parabolizarse irremediablemente en una síntesis que la historia deglutirá sin pena ni gloria.

 

Cualquier pobredios en cualquier esquina puede ver claramente al más común de los mortales

preocupado por su pez de pan y su pan de paz y por más parábola que se blanda

cuando el pez de pan   cuando el pan de paz    se pierde     viene la pregunta     una sencilla pregunta

y trema el parabolizador porque una pregunta simple de un hombre simple sin pan ni paz  aquí en la tierra genera un movimiento que acaba en un temblor de  alta magnitud en el olimpo.

Oh Chuang Tse       qué pan qué pez de paz te llevó a la boca aquel vuelo de qué mariposa que anuncia el temblor de los olimpos?

 

Será como cuando una mujer mira en silencio a un labio de distancia desnuda de la urgencia y  desencadena un reacomodamiento de los huesos uno después del otro hasta romperlo todo hasta desordenar el caos hacerlo perfecto estallar de dos o tres tajos los lagos interiores abrir brecha

volcar la erupción donde vendrán a posarse los pájaros.

 

Y entonces qué dioses prolijos sonrientes lisos como un vidrio podrán explicar

a cualquier sencillo mortal aquí en la tierra la más profunda vecindad a lo celeste          que es una mujer enamorada.

 

Oh fálicos parabolizadores misóginos empuñadores de badajos sonoros    teóricos del amor    inciensarios asexuados gastados coreutas de la casta     qué mudez repentina qué ceguera qué luto quemará las naves

cuando venga a saberse aquí en la tierra que Él es Ella y Ella fue una pobre muchacha violentada por un emperador de estantería

oh apocalipsis de la instauración definitiva del desencanto      casta non casta.

 

Oh parabolizadores dadivosos de migajas    graves señaladores

hipolacratosos dueños de todas las cosas   casta pestilente  castacratas castalacras         qué credo qué razón en los índices espumosos qué gerontolacracia dictará el nuevo código de casta

escrito con algunos números en las chequeras   en las relajadas oraculosas proféticas noches de los castocidios.

 

Nunca el abajo ha sido tan parabolizado

todos los olimpos confluyen en un solo y gran mercado atendido por sus dueños

y el pobre de acá abajo se mira las manos

por un pez de pan y un pan de paz puede comenzar el fin del mundo

tan solo una pregunta y después otra

cualquier pobredios en una esquina que le pida a otro por la hora

un puñado de pobredioses que salgan a vociferar casa por casa todas las preguntas.

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